Algunas noches el paisaje

 

lunar de la estepa se disuelve

en densas volutas de humo

que pasean, contorneando el suelo

a escasos metros de distancia.

Por esas noches la niebla baila

al compás de la arena y los cardos,

guanacos duermen acurrucados.

Tierra hueso y piedra el piso congelado

se humedece de escarcha descansa

del aire incendiario, descansa.

Helada ulula la brisa remolineando

en el vaho de las cuevas

haciendo estragos en improvisados

altares de chapa y pintura roja

filtrándose entre rendijas

de precarias casas de pueblos rurales

cubriendo todo del denso polvo sobre el cual

camina la luna descalza.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *